Grupos neonazis en Uruguay vuelven a estar bajo la lupa

El Periodista 05 de agosto de 2019 Por
El militante que posó junto a Manini Ríos con una remera con simbología nazi reabrió el debate sobre la presencia de grupos fascistas en Uruguay.
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La candidatura del excomandante en jefe del Ejército, Guido Manini Ríos, viene siendo salpicada por una avalancha de críticas. Primero fue un infortunado comentario sobre los inmigrantes y sus «beneficios», luego una orden de votarlo en los comicios internos a los militares, después una polémica expresión sobre la «africanización» y ahora, un joven militante del partido que lidera, Cabildo Abierto (CA), que posó junto a él con una remera con inscripciones nazis.

«HKNKRZ», decía la camiseta que se colocó para que saliera en la foto tomada por Ricardo Antúnez para La Diaria durante un acto político. Esta sigla es la abreviación de la palabra Hakenkreuz, «esvástica» en alemán. No contiene las vocales para poder burlar a las autoridades en países donde está prohibido hacer apología de la ideología liderada por Adolf Hitler.

Si bien luego del gobierno de Gabriel Terra se comenzó a perseguir a los nazis, estos nunca desaparecieron. El ataque a Soledad Barret en julio de 1962, cuando fue secuestrada y le grabaron dos esvásticas en los muslos con hojas de afeitar, es un ejemplo paradigmático. Nueve años después, se creó la Juventud Uruguaya de Pie (JUP).

Según dijo a LA REPÚBLICA el profesor de Historia Gabriel Bucheli, la JUP nació como una «reacción de jóvenes de derecha ante el empuje estudiantil que desde el 68 predominaba en el país», en el marco de la intervención estatal por parte del Poder Ejecutivo en las instituciones educativas.

En febrero de 1970, el presidente Jorge Pacheco Areco había designado como presidente del consejo interventor de Secundaria a Armando Acosta y Lara, considerado el ideólogo de los «Escuadrones de la Muerte», lo que provocó la reacción de agremiaciones estudiantiles y docentes. Enfrentamientos, paros, marchas y gases lacrimógenos se sucedieron hasta que el consejo interventor decidió suspender el año lectivo el 4 de setiembre, y cargó con toda la culpa a los estudiantes y docentes organizados.

La escalada de enfrentamientos en todos los niveles de la educación pública entre gremios y Estado despertó al sector más conservador de la sociedad, y entre los jóvenes de derecha comenzó a surgir un sentimiento antiizquierda que se tradujo en la creación de la JUP en octubre de 1970, con los cursos suspendidos. Para los jóvenes de derecha era su tarea fundamental combatir a los culpables de que no hubiera clases. Con una bandera mitad blanca y mitad roja -reivindicación de los «valores tradicionales» del país- la JUP comenzó a pisar fuerte en marzo de 1971.

«Ellos lo que querían hacer era disputar el espacio público a una izquierda en alza», contó Bucheli. La herramienta eran actos públicos y caravanas, fundamentalmente en el interior. En Montevideo, epicentro de la efervescencia estudiantil de los 60, el escenario fue diferente. A pesar de no reconocer su participación en acciones violentas, sí se conocen varias escaramuzas en las instituciones educativas.

Hugo Manini Ríos -hermano del candidato de CA- fue uno de los fundadores de esta organización, además de que ambos son nietos de Pedro Manini Ríos, fundador de La Mañana, diario que resurgió en semanario hace poco más de un mes. Fue a través de este medio que la JUP difundió la mayoría de sus mensajes: «La Mañana tenía un suplemento en el que la JUP tenía una página dirigida a sus notas, hasta que en agosto del 72 sacaron su propio semanario llamado Nuevo Amanecer».

Para Bucheli, el nombre de este órgano de prensa propio evoca a los tintes «revolucionarios» propios de la derecha del siglo XX e introduce la idea de una «revolución nacional». En una columna publicada en La Diaria, Bucheli cita un artículo de La Mañana en el que los jóvenes se definían como «hijos de familias que no nos usan de instrumentos de sus rencores políticos».

Luego de que los consejos interventores fueran levantados en junio de ese año, la JUP se radicalizó. Acusaron al Parlamento de entregar la educación al «control comunista» y se volvieron «muy críticos hacia los partidos políticos». En esta etapa, gradualmente la JUP se posicionó en favor de la intervención militar como medida de ajuste político: «Cuando se da el primer paso golpista (la JUP) aplaude a las Fuerzas Armadas».

El preámbulo al golpe de Estado fue violento, y en la juventud uruguaya se notaba. La JUP se disolvió en 1974 y para Bucheli «nunca se la reivindicó», pero los grupos de extrema derecha siempre están latentes en la sociedad: «Aparecen con ropajes nuevos, otro discurso, porque siempre hay una parte que tiene esas posturas». En los últimos años, han optado por ser menos explícitos.

Por otra parte, quien está a punto de incorporarse a CA es el exdiputado colorado Daniel García Pintos, quien fuera integrante de la JUP también. En un acto de CA la semana pasada se hizo presente ante unos pocos militantes en La Teja. «Fui invitado por amigos», deslizó ante la prensa. Esta semana se haría el traspaso.

En las elecciones internas de 2009, García Pintos y su socio, el excomandante en jefe del Ejército Raúl Mermot, apoyaron la precandidatura de José Amorín Batlle, con su agrupación Identidad Oriental. Mermot, que defendió a violadores de los derechos humanos y que los calificó de «presos políticos», ahora asesora en temas de Defensa al líder del Partido de la Gente, Edgardo Novick.

No es nuevo

En 1998, autoridades policiales detectaron al menos cuatro grupos neonazis. Uno de ellos operaba en Montevideo y se autodenominaba Euroamerikaner. Esta agrupación se proclamaba racista, antijudía y seguidora de Hitler. En una entrevista publicada en LA REPÚBLICA, los euroamerikaners aseguraban que existían como organización desde 1996, «que todos tienen armas en sus casas por las dudas y que los negros e indios son basura». Los euroamerikaners revelaron que mantenían contactos con un grupo llamado Poder Blanco, también uruguayo, así como con grupos neonazis de Argentina y de varios países europeos.

En tanto, a principios de este siglo LA REPÚBLICA informó sobre nazis uruguayos que querían ir «por el cuarto Reich», bajo el movimiento Frente Nacional Revolucionario del Uruguay (FNRU). El 14 de julio del 2000, el FNRU divulgó un manifiesto a los medios de comunicación explicando su ideología. Esta proclama llevó a que la Justicia investigara a la colectividad.

En ese comunicado -que escribieron a mano- existen cuatro reivindicaciones. La primera exigía a todos los gobernantes «el control inmediato de las multinacionales hambreadoras, para poner freno a tanta injusticia», seguida del pedido de «libertad de los presos políticos nacional-socialistas» (Orgullo Skinhead, grupo neonazi que había sido investigado en 1999 por la Dirección Nacional de Información e Inteligencia y luego detenido) y «el cumplimiento del mandato constitucional de la libertad absoluta para poder expresarnos y constituirnos como partido político». El cuarto punto también fue con una explicación: «Lo exigimos por una auténtica, pura y sana nación artiguista en camino al cuarto Reich». El tercero había sido el movimiento de Adolf Hitler.

En 2011, Inteligencia investigó a un comando en Montevideo que hizo pintadas en una sede de la Lista 1001 (Partido Comunista) con simbologías neonazis: cruz celta, el número 88, aludiendo a «Heil Hitler» (saludo nazi), ya que la octava letra del abecedario es la H, entre otras. De todas formas, el advenimiento de la revolución digital permitió que estos grupos de extrema derecha vieran en internet un lugar de encuentro.

Presencia virtual del nazismo

«¡Arriba el Sagrado Uruguay!» «¡Viva Cristo Rey!». Así terminaba todos sus artículos la persona que, bajo el seudónimo BillyGates203, administró un blog de corte neonazi entre 2013 y 2015. A su vez, otro usuario, conocido en internet como Silvio Capiscoconi, publicó y comentó -más o menos en las mismas fechas- varios blogs que reivindicaban la ideología nacional socialista y el cristianismo en contraposición a las «religiones paganas».

En sus publicaciones, tanto BillyGates203 como Capiscoconi recordaban a los militares asesinados por el «terrorismo marxista tupamaro» e incitaban al ataque hacia personas pertenecientes al «lobby LGBT-feminibolche». En octubre de 2015, quien se hacía llamar Silvio Capiscoconi -un estudiante de sociología de 28 años- fue procesado luego de lanzar insultos racistas y agravios hacia la diputada frenteamplista Susana Andrade.

Por su parte, el llamado Partido Nacional Socialista del Uruguay (NSUY) también tenía su presencia virtual. En un blog inactivo desde hace un tiempo, llamaban a formar un partido político real, y pedían colaboración para lanzar una revista. La lista de comentarios ofreciéndose a participar de la revista es interminable.

El NSUY cita, entre sus bases ideológicas, «la conservación y protección de la raza blanca, de su cultura y de sus tradiciones». Según la página el fundador del partido es Germán García, antiguo administrador de la enciclopedia virtual de corte derechista Metapedia.

La Institución Nacional de Derechos Humanos (Inddhh) no se ha pronunciado sobre el hecho puntual del joven que posó junto a Manini Ríos. No obstante, si viera que los grupos neonazis salen a la luz «sí que estaríamos preocupados», dijo a LA REPÚBLICA el director del organismo Wilder Tayler. «Los ha habido desde siempre, es que no los conocemos públicamente», añadió Tayler. Agregó que estos grupos son representantes de una ideología «destructora de los Derechos Humanos, que promueve la discriminación y el odio racial».

Lejos de acusar al militar devenido en político, Tayler recordó que en dos ocasiones «la institución se pronunció en contra de ataques al memorial del holocausto judío», más allá de que estos ataques no fueron atribuidos a ningún grupo organizado.

El militante que posó junto a Manini Ríos

El militante de 24 años que posó con la remera con inscripciones neonazis junto al militar devenido en político es de orígen judío, consignó el portal Sudestada. Esteban Klein estudió en centros educativos de esa colectividad religiosa y además concurrió a un movimiento juvenil judeoprogresista y kubitziano.

Según comentaron al sitio de periodismo de investigación compañeros de él, el joven no tenía un «gramo de normalidad», a pesar de que era «inofensivo», opinaron. En general era una persona «payasesca», pero confesaron que quizá de chico pudo haber sufrido bullying. En 2017, luego de una reunión de la agrupación Dignidad Nacional, a la que pertenece Klein, una foto lo muestra a él con una camiseta del «Movimiento por una Hungría Mejor» (Jobbik en húngaro), grupo nacionalista y ultraderechista, con tintes fascistas.

Este partido el año pasado en ese país logró poco más de un millón de votos y obtuvo un 19% del total del electorado, y se convirtió en la segunda colectividad política más grande en la Asamblea Nacional de Hungría. En esa foto, se encontraba el coordinador programático de CA, Aldo Velázquez, abrazando a Klein.

Velázquez fue uno de los fundadores del novel partido y ocupó el séptimo lugar en la lista de la agrupación liderada por el exjefe castrense. Hasta diciembre del año pasado integró el equipo de Luis Lacalle Pou, en el que asesoraba sobre ciencia y tecnología, informó El Observador.

La República

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